Algunos
aspectos filosóficos:
Largas discusiones alrededor de la
temática que nos
convoca y la reunión de un valioso archivo donde aparecen
aspectos científicos
del tema que podríamos vincular a
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A la pregunta por la naturaleza, la vida y la
cultura,
la sociedad, el hombre y
Comenzó a cobrar fuerza entonces una
honda reflexión
sobre el actuar humano en la naturaleza, sobre la naturaleza y en
contra de la
naturaleza buscando comprender si era posible construir una filosofía
ambiental, en momentos en que
el mundo post-moderno de hoy confunde la filosofía con el
positivismo y lo
ambiental se intenta reducir al ecologicismo o biologicismo.
Tiempo hubo, hasta que la
humanidad desarrolló su comprensión y su dominio (dicho
esto último no en el
sentido de apropiación de lo que no era de él, sino en el
sentido bíblico de
dominar el arte de una relación armoniosa con su entorno) de
carácter progresivo sobre la
naturaleza, tiempos en
que el Ecosistema Natural humano se imponía e imponía sus
leyes sobre y en la
historia. El Ecosistema Histórico-cultural humano estaba
sometido a esas
condiciones en su desenvolvimiento.
La filosofía
clásica alemana,
generadora de pensamientos e ideologías en Europa Central
(Filosofía de
En una primera mirada, la soldadura de lo
ambiental
con la filosofía exige una transformación de los
conceptos y por su puesto de
sus prácticas, un cambio radical de paradigmas, el salirse del
mecanicismo, el
orden y la linealidad cartesianos, la adopción de una
visión sistémica, y
compleja de la nueva ciencia, adoptando las Teorías de
La necesidad de construir una ética
ambiental y entonces
una bioética, donde el concepto de vida se amplía
cósmicamente y la urgencia de
un pensamiento complejo que nos permita una sutura entre natura y
cultura,
donde ninguna es sin la otra, deberían estar presentes ante
cualquier intento
serio en este sentido. El análisis en profundidad de la
relación del hombre con
el ambiente o la creación, nos están pidiendo hoy el
manejo imprescindible de
estas categorías, que estarán obviamente ligadas a su
cultura en cada lugar del
planeta y su entorno (el universo), siendo esta cultura la herramienta
imprescindible para ligar al hombre con su destino: la
construcción de la historia.
Leyendo el trabajo publicado por un grupo de
prestigiosos frailes franciscanos “Franciscanos y Medio
ambiente” (Directores
de Justicia y Paz de Norte-América - febrero 2006), podemos
transcribir lo que
sigue: “Roger Bacon, un hijo de Francisco del siglo XIII y una
“vocación
tardía", respondió con entusiasmo y creatividad al
llamado a colaborar con
Dios. Él encarnaba en su tiempo aquello que Keith Warner
proponía, que es una
tarea crítica de los franciscanos de hoy: orar
con la naturaleza, aprender de ella y actuar por ella.”
“Keith añadía que esto
exige “tomar a la naturaleza en
serio— tomarla en serio como un agente de conversión
religiosa, y como un
objeto de nuestro interés y compasión”. [Tomar en
Serio a
“También requiere que nos unamos
a Francisco en llegar
a ser lo que Keith llamó "teólogos vernaculares", es
decir, los que
pueden traducir nuestras experiencias y las voces de la naturaleza de
maneras
significativas. Bacon, recordaba él, “aprendió de
la observación cuidadosa de
la naturaleza, describiendo sus propiedades y su conducta, y
articulando este
conocimiento con la teología, la educación y la
ética. “
“Él era lo que
llamaríamos hoy un “erudito
interdisciplinario” (id., 2l). Keith agregó que su estudio
de Bacon y de otras
fuentes lo llevó a concluir que animar el
interés/-preocupación por la creación
exigirá una pedagogía diferente que incluye: más
énfasis en la educación y la
formación espiritual (eco-alfabetismo); que integre una
perspectiva y una
práctica contemplativas; y que vincule
Aspectos de
Uno de los conceptos que aparece más
claramente en la
doctrina social de
Por otro lado dicho proyecto ha sido y es
alterado
continuamente por el pecado humano, que se inspira en un plan
alternativo,
representado en el libro mismo del Génesis (cc. 3-11), en el que
se describe la
consolidación de una progresiva tensión conflictiva con
Dios, con el semejante
e incluso con la naturaleza.
Citando el
documento titulado “Compromiso
por evitar la
catástrofe ecológica” (Audiencia
Gene-ral, Juan
Pablo II. 17 de enero de 2001) vemos que “el contraste entre los dos proyectos emerge
nítidamente en la vocación a la que la humanidad
está llamada, según
“La criatura humana recibe una
misión de
gobierno sobre la creación para hacer brillar todas sus
potencialidades. Es una
delegación que el Rey divino le atribuye en los orígenes
mismos de la creación,
cuando el hombre y la mujer, que son "imagen de Dios" (Gn 1, 27),
reciben la orden de ser fecundos, multiplicarse, llenar la tierra,
someterla y
dominar los peces del mar, las aves del cielo y todo cuanto vive y se
mueve
sobre la tierra (cf. Gn 1, 28). San Gregorio de Nisa, uno de lo tres
grandes
Padres capadocios, comentaba: "Dios creó al hombre de modo tal
que pudiera
desempeñar su función de rey de la tierra (...). El
hombre fue creado a imagen
de Aquel que gobierna el universo. Todo demuestra que, desde el
principio, su
naturaleza está marcada por la realeza (...). Él es la
imagen viva que
participa con su dignidad en la perfección del modelo divino"
(De hominis
opificio, 4: PG 44, 136)”.
Más adelante dice Juan Pablo II: “Sin
embargo el señorío del hombre no es "absoluto, sino
ministerial, reflejo
real del señorío único e infinito de Dios. Por
eso, el hombre debe vivirlo con
sabiduría y amor, participando de la sabiduría y del amor
inconmensurables de
Dios" (Evangelium vitae, 52: L'Osservatore romano, edición en
lengua
española, 31 de marzo de 1995, p. 12). En el lenguaje
bíblico "dar el
nombre" a las criaturas (cf. Gn 2, 19-20) es el signo de esta
misión de
conocimiento y de transformación de la realidad creada. Es la
misión no de un
dueño absoluto e incensurable, sino de un administrador del
reino de Dios,
llamado a continuar la obra del Creador, una obra de vida y de paz. Su
tarea,
definida en el libro de
Y sigue: “Por desgracia, si
la
mirada recorre las regiones de nuestro planeta, enseguida nos damos
cuenta de
que la humanidad ha defraudado las expectativas divinas. Sobre todo en
nuestro
tiempo, el hombre ha devastado sin vacilación llanuras y valles
boscosos, ha
contaminado las aguas, ha deformado el hábitat de la tierra, ha
hecho
irrespirable el aire, ha alterado los sistemas hidro-geológicos
y atmosféricos,
ha desertizado espacios verdes, ha realizado formas de
industrialización
salvaje, humillando -con una imagen de Dante Alighieri (Paraíso,
XXII, 151)- el
"jardín" que es la tierra, nuestra morada”.
Evidentemente la descripción que nos
ofrece el texto anterior está
lejos de no ser nada más que la verdad. Esto es algo que se
muestra sin pudor a
la vista de quien lo quiera ver en cualquier lugar del mundo. En
algunos más,
en otros menos.
¿Que se nos ofrece entonces como
alternativa posible? ¿Cómo pasar de
esto al menos a algo mejor? Leamos con atención lo que sigue: “Es preciso, pues, estimular y sostener la
"conversión ecológica", que en estos últimos
decenios ha hecho a la
humanidad más sensible respecto a la catástrofe hacia la
cual se estaba
encaminando. El hombre no es ya "ministro" del Creador. Pero,
autónomo déspota, está comprendiendo que debe
finalmente detenerse ante el abismo.
También se debe considerar positivamente una mayor
atención a la calidad de
vida y a la ecología, que se registra sobre todo en las
sociedades más
desarrolladas, en las que las expectativas de las personas no se
centran tanto
en los problemas de la supervivencia cuanto más bien en la
búsqueda de una
mejora global de las condiciones de vida" (Evangelium vitae, 27:
L'Osservatore romano, edición en lengua española, 31 de
marzo de 1995, p. 8).
Por consiguiente, no está en juego sólo una
ecología "física", atenta
a tutelar el hábitat de los diversos seres vivos, sino
también una ecología
"humana", que haga más digna la existencia de las criaturas,
protegiendo el bien radical de la vida en todas sus manifestaciones y
preparando a las futuras generaciones un ambiente que se acerque
más al
proyecto del Creador”.
Entonces luego afirma: “Los
hombres y mujeres, en esta nueva armonía con la naturaleza y
consigo mismos,
vuelven a pasear por el jardín de la creación, tratando
de hacer que los bienes
de la tierra estén disponibles para todos y no sólo para
algunos privilegiados,
precisamente como sugería el jubileo bíblico (cf. Lv 25,
8-13. 23). En medio de
estas maravillas descubrimos la voz del Creador, transmitida por el
cielo y la
tierra, por el día y la noche: un lenguaje "sin palabras de las
que se
oiga el sonido", capaz de cruzar todas las fronteras (cf. Sal 19,
2-5)”.
”El libro de
Y en una
expresión también
poética, pero más mundana nos dice Leopoldo Marechal en
su “Banquete de Severo
Arcángelo”: “-¡Impaglione!- le
dijo
Severo - ¿Por qué será que la delicia del hombre se ha dibujado siempre con
formas de “jardín”? ¿No es un jardín
perdido lo que sueña el hombre reseco,
junto a sus metalurgias o a sus ciclotrones que bombardean el uranio?
¿Y por
qué será que tales jardines están defendidos ahora
por querubines en armas o
por dragones atentos?”
Descubrir entonces a los
“querubines” y “dragones atentos”, reunirlos y
organizarlos, debería ser
también una tarea de carácter institucional, que
acompañe el desarrollo y la instalación
impostergable, en la conciencia de las
personas
y comunidades, de una “ecología humana” capaz de
bregar por un ambiente en
armonía con el proyecto de
La defensa de la vida:
La vida es la
manifestación más
maravillosa que ha generado
Una larga
discusión acerca de la
vida del hombre sobre el planeta y sus alrededores, llega a obtener, en
los
últimos siglos, acuerdos internacionales acerca de expresas
normativas que
tratan de garantizar el derecho de las personas a defender su vida, se
ve
plasmada en los derechos humanos.
Incluso esas normativas,
fueron
tenidas en cuenta por algunos países que
las incluyeron en su carta magna o constitución. Por ejemplo la
constitución
argentina de 1949, que contenía en su texto los derechos de los
trabajadores,
los derechos de la mujer, los derechos de la ancianidad y los derechos
de la
niñez.
Pero lamentablemente,
proceso de
globalización mediante, la realidad nos muestra algo más
que la fría letra de
las normativas vigentes o anuladas (como la constitución de 49
en Argentina).
Esto obliga a muchos a intentar salir al cruce de los acontecimientos y
en un
mensaje de Juan Pablo II a
“Este deber
atañe a todos los derechos fundamentales y no permite
decisiones arbitrarias que acabarían en forma de
discriminación e injusticia.
Al mismo tiempo, somos testigos de una preocupante divergencia entre
una serie
de nuevos “derechos” promovidos en las sociedades
tecnológicamente avanzadas y
derechos humanos elementales que todavía no son respetados en
situaciones de
subdesarrollo: pienso por ejemplo, en el derecho a la
alimentación, al agua
potable, a la vivienda, a la autodeterminación y a la
independencia”.
Sería obvio
plantearse ante esta
situación, valientemente denunciada, las pocas garantías
que la humanidad
ofrece hoy por la vida de la mayoría de los seres humanos que
pueblan el
planeta. Y ante eso cabría preguntarse si no sería
también la especie humana,
una de las especies en peligro de su supervivencia sobre
Pero dado que ya hemos
dicho que
el hombre o la persona humana y sus comunidades, son los que pueden
velar por
el resto de la naturaleza (más allá de que sabemos que
algunos hombres son los
que en forma manifiesta y por ende fácil de probar,
actúan irresponsablemente
en contra de la naturaleza), si impedimos el desarrollo de la vida del
hombre
estamos impidiendo también la de la naturaleza en su conjunto,
es decir
Por lo que podemos
concluir que
todo ataque o falta de garantías respecto de la vida del hombre,
lo es también
en contra de la naturaleza y todo ataque a la naturaleza va
también en contra
de la vida del hombre.
En este aspecto, este
tema es
también vinculante con todo lo que el Magisterio viene
expresando respecto de la vida por nacer o la eutanasia.
Aquí,
como católicos y como profesionales e investigadores, es decir
apoyándonos en
Algunos
sociólogos han definido
la cultura contemporánea como la «tercera cultura»,
en la cual tiene predominio
la tecnología; entre los principios de esta nueva cultura
fundamental está la
idea de que no hay nada fuera del universo tangible, que el hombre es
un
organismo no cualitativamente diferente de
cualquier otro animal –y por lo tanto reducido sólo
a su realidad
corpórea.
En el terreno
científico se
afirma que la ciencia y la tecnología son neutras: ya que la
esencia de la
ciencia es la objetividad, todo obstáculo al progreso
científico es como una limitación
a tal objetividad; como consecuencia no deben ponerse restricciones a
la
actividad científica y al progreso tecnológico. Se habla
de «ciencia de lo
posible», que considera justo y bueno todo lo que es
técnicamente posible y que
no acepta mensajes de orientación o de estímulo por parte
de sistemas de
pensamiento de orden antropológico o ético.
Si el hombre y toda la
realidad
biológica son fruto de una evolución ciega, no existen
criterios según los
cuales conformar la actuación del primero en la historia, y toda
realidad
natural es sólo materia a disposición del hombre.
Consecuentemente, todo lo que
es posible se convierte en lícito y todo límite es un
obstáculo que hay que
superar. De ahí resulta un gran impulso a no contenerse por
principios éticos,
en otras palabras, por el sentido de responsabilidad. Una actitud que
puede ser
muy peligrosa.
Al crecimiento de las
posibilidades de auto-manipulación del hombre, debería
corresponderle un igual
desarrollo de nuestra «fuerza moral» para permitirnos
proteger y tutelar la
libertad y dignidad propia y ajena.
La bióloga
molecular y profesora
de Bioética en
”Según esta
tradición cultural, como se afirma --entre otros sitios-- en
el Preámbulo de
”La
tradición cultural de los derechos humanos ha tenido,
además, una
profunda incidencia en la reflexión biomédica
contribuyendo a la afirmación más
vigorosa de los derechos del hombre también en medicina, a
través de la
elaboración de los códigos de deontología
médico-profesional y del desarrollo
de los derechos del enfermo para asegurarle la autonomía y
evitar abusos
indebidos. Es entonces oportuno no desconocer esta tradición y
valorar sus
lógicas consecuencias respecto al tema del inicio de la vida
humana en ámbito
biomédico…..”
Para agregar más
adelante: “El embrión humano precoz es un
individuo en
acto con la identidad propia de la especie humana a la que pertenece, y
consecuentemente deben ser reconocidos sus derechos de sujeto
humano y su vida debe ser plenamente respetada y
protegida.”
En este punto deberemos
entonces plantear la necesidad de
institucionalizar nuestra tarea, es decir contar con una herramienta de
trabajo
que nos sirva al logro de los fines expresados.
La
pobreza en el mundo y la contaminación global
Extrayendo
uno de los conceptos fundamentales de un documento producido
por
Nosotros,
desde el punto de vista que venimos
analizando la situación de la relación del hombre con la
naturaleza, podríamos
tomar esta piadosa y valiente afirmación de los padres de
La enfermedad del cuerpo
y del
alma de seres humanos sometidos a esta situación, definen un
tipo de exclusión
que se vuelve contra la misma sociedad que la generó, dando
lugar a otro tipo
de contaminaciones aparte de las ya establecidas, a saber: aumento de
las
enfermedades transmisibles, la falta de seguridad para todos, el asecho
del
narcotráfico, la prostitución barata de niños y
niñas, el trafico de órganos,
etc. Podemos concluir entonces que la
pobreza es un factor de contaminación físico y
espiritual más.
Si a todo esto que hemos
afirmado,
agregamos sólo uno de los problemas ambientales que hoy aquejan
a la humanidad,
como es el problema del recalentamiento
global, con sus secuelas de inundaciones, enfermedades,
desabastecimiento
alimentario, desaparición de ciudades costeras enteras, aumento
de la
conflictividad social de seres humanos sin vivienda y sin trabajo, etc.
y
tenemos en cuenta además que los que más van a sufrir
este tipo de noxas, otra
vez serán los más humildes de la tierra, llegamos a
entrever la profunda
relación que existe entre la pobreza y contaminación
ambiental del planeta.
El proceso de institucionalización
para
disponer de las herramientas de trabajo:
Evidentemente, el
tratamiento racional
de estas complejas cuestiones nos exige concretar la propuesta que nos
hizo en
el mes de noviembre p.p. Mons. Stanovnik: “deberán darle
carácter institucional
a la tarea en el marco de
En este plano lo primero
fue convencernos
a nosotros mismos que necesitábamos herramientas de trabajo
capaces de
adaptarse a la tarea que nos espera, en la que seguramente, no solo
habrá que
reflexionar, sino también tomar la decisión de actuar en
el lugar y en el
momento preciso.
Todo un desafío
para los que organizan
y conducen cualquier tipo de institución, la que deberá
ser simple, objetiva, perfectible y estable.
Estas cuatro condiciones, que están en permanente
contradicción dialéctica,
intentando proveer convenientemente a la armonía necesaria para
su funcionamiento
interno y para su relación con su entorno.
Una vez concretada una
institución de las características enunciadas en el
párrafo anterior, habrá que
tomar la decisión de hacer
manipulando la herramienta que hemos diseñado pero en ese mismo
espacio
temporal se nos vendrá encima el siguiente desafío que es
el de saber como hacer o de saber para hacer. En
este sentido nos parece oportuno citar el trabajo “
“Saber para
hacer”, presupone saber pensar con un método riguroso, con
base teológica, filosófica y científica, que
garantice el desarrollo integral,
sustentable, respete la ecología y el medio ambiente, la calidad
de vida, la
justicia en sus diversas manifestaciones y los distintos valores que
integran
el concepto evolutivo y dinámico del bien común, como un
requisito para una
pacífica convivencia y efectiva vigencia del orden
Constitucional.
“Saber para
hacer”, requiere vitalmente de la educación y la cultura,
donde madura y progresa el factor científico-tecnológico
y primordialmente la
persona humana, “sujeto, fundamento y fin de la sociedad y de sus
estructuras”.
De allí la importancia de la antropología cristiana
sustentando los derechos y
deberes correlativos de los seres humanos ().
El Papa Juan Pablo
II, con motivo del Jubileo del Año 2000,
convocó con palabras de Pablo VI a construir la
“civilización del amor”
y demanda ‘saber para hacer’, saber cómo, por
qué y para qué”.
La creación de
una institución
que tenga en cuenta a rajatabla, en su trabajo y en sus utopías,
la relación
vida/ambiente, acerca de lo cual hemos intentado reflexionar en este
documento,
queda de suyo fundamentada, pero antes de cerrar el tema nos
pareció oportuno
dibujar dos pinceladas:
La
primer pincelada
que tiene que ver con que no podemos de ninguna manera, de
acuerdo con lo expresado más arriba, escapar del ámbito
científico- tecnológico, que hoy marca en forma
indeleble a
la humanidad. Por lo tanto deberemos actuar y decidir en este
ámbito. Es decir
que la institución deberá tener que ver con la ciencia y
la tecnología del
ambiente. Deberá entonces ejercer cuatro funciones fundamentales
en ese
sentido: hacer docencia, investigar sobre
lo que podamos enseñar, formar discípulos y llevar
adelante tareas de extensión;
tareas estas últimas que no se deberán confundir con la
mera divulgación
temática, sino que deberán constituirse en una verdadera
forma de trabajo
territorial, que intentará enseñar a resolver problemas
de la sociedad,
trabajando junto a ella, lo que permitirá enseñar y
también aprender de la
experiencia vivida con la comunidad.
De ahí la
necesidad de que la
denominación de las institución contenga claramente
expresada nuestra tarea:
Entonces podríamos llamarla: Instituto de
ciencias del ambiente. Pero nos falta algo:
La
segunda
pincelada, es decir la defensa de la vida, nos coloca frente a otro
desafío. El lector recordará que cuando hablamos de los
“querubines armados” y de “los dragones
atentos” (citando a Leopoldo
Marechal), dijimos que era necesario primero encontrarlos, luego
reunirlos y
finalmente organizarlos, con el objeto de defender
los jardines o la vida. Por querubines
armados debemos entender seres o
personas que sean capaces de conservar su inocencia pero a la vez,
estén
armados de una sólida verdad, munidos
de la cual, ningún accidente o avatar personal o
histórico los amilane o
cambie, y
los dragones atentos otros
seres o los mismos, pero que sean capaces además de escuchar
atentamente a los humildes, a los que sufren y a los que
menos tienen, para colocarse a lado de ellos y ayudarles a defender su
vida y cumplir
con sus sueños.
De esta forma la
institución en
la que venimos pensando podría llamarse, ahora sí ya con
una forma más
completa, Instituto de Ciencias
del
Ambiente y Defensa de la vida. Ahora si, el nombre
intenta reflejar un poco
más la tarea que nos hemos propuesto.
Se
viene hablando en
Nosotros
aproximamos nuestros sueños a lo expresado por el Card. Mario
Jorge Bergoglio
S.J. en “